Déjame que te cuente... Reiki. Mis veintiún días de limpieza Decidí que mal no me podían hacer unas sesiones diarias. No dejaba de ser un estado de relajación e incorporar una rutina a mi desordenada vida seria, con toda seguridad, una experiencia beneficiosa. Poner a prueba mi constancia seria también un buen reto para mí. Te recomiendan que no las hagas tumbada para evitar el sueño. ¿Y cómo creen ustedes que las hice yo? ¡Exacto! Antes de dormir, metida en la cama, encontraba el tiempo para iniciar el ritual de imposición de manos, que no acostumbraba a ir más allá del plexo solar. Me dije a mi misma que si no iba más allá debía ser que no lo necesitaba y con esa actitud inicié, sin saberlo, uno de los mejores y más importantes aprendizajes que debería acompañar al ser humano: no sentirse culpable por hacer o dejar de hacer, solo ser consciente y responsabilizarse de las propias decisiones. Yo escogía hacer las sesiones tumbada aceptando el riesgo de dormirme y la posibil...