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Déjame que te cuente... Reiki. Cuando el alumno está preparado llega el maestro Recibí una llamada telefónica de una cuñada preguntando si podía hacerle un favor. Había ofrecido su casa a una amiga de Gran Canaria que necesitaba hospedaje para hacer una formación de fin de semana en Tarragona. Llegaba al día siguiente y, como una de sus hijas se había levantado con varicela, no podía acogerla. Vaya, que me preguntaba si tenía espacio en mi casa. Le dije que no había problema y al día siguiente aquella desconocida ya dormía en una de mis habitaciones. Durante la cena se dieron las conversaciones típicas de personas que no saben nada la una de la otra. Al llegar los postres empezamos a hablar de su formación, relacionada con las constelaciones familiares, y de mis sesiones de Reiki. ¿Reiki?, me preguntó sonriente, yo soy maestra de Reiki, afirmó. Disimulé como pude mi sorpresa explicando no sé cuántas anécdotas de mis recientes experiencias y aproveché para preguntar algunas dudas...
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  Déjame que te cuente... Reiki. Mis veintiún días de limpieza Decidí que mal no me podían hacer unas sesiones diarias. No dejaba de ser un estado de relajación e incorporar una rutina a mi desordenada vida seria, con toda seguridad, una experiencia beneficiosa. Poner a prueba mi constancia seria también un buen reto para mí. Te recomiendan que no las hagas tumbada para evitar el sueño. ¿Y cómo creen ustedes que las hice yo? ¡Exacto! Antes de dormir, metida en la cama, encontraba el tiempo para iniciar el ritual de imposición de manos, que no acostumbraba a ir más allá del plexo solar. Me dije a mi misma que si no iba más allá debía ser que no lo necesitaba y con esa actitud inicié, sin saberlo, uno de los mejores y más importantes aprendizajes que debería acompañar al ser humano: no sentirse culpable por hacer o dejar de hacer, solo ser consciente y responsabilizarse de las propias decisiones. Yo escogía hacer las sesiones tumbada aceptando el riesgo de dormirme y la posibil...
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Déjame que te cuente... Reiki. Mi primer día de formación Después de lo que para mí impaciencia fue una larga introducción teórica llegaron las prácticas. ¡Oh! Yo no podía creer lo que sentía en mis manos. Era como si de las palmas emanara algún tipo de carga magnética, como si el campo áurico de esa zona se hubiera densificado. Eso era, según explicaba el profesor, la energía Reiki (o energía universal) canalizada. Al colocarlas sobre el cuerpo de la otra persona pude sentir como se trasladaba en forma de calor y en algún punto me pareció notar como se absorbía más energía de la que mis manos generaban.    He de decir, para ser honesta, que en este punto mi resistencia mental empezaba a cortocircuitar. Mi racionalidad no podía experimentar, descubrir y encontrar explicación al mismo tiempo. Tenía que escoger entre experimentar sintiendo o experimentar pensando. Es evidente que eso no se consigue sólo con decidirlo. Años y años ejercitando y priorizando la mente racional, ...
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  Déjame que te cuente...   Técnicas de sanación Antes de empezar a compartir quiero dejar claro que todas, absolutamente todas las técnicas de sanación son instrumentos a nuestra disposición para ayudarnos a conectar con nosotr@s mism@s. Ya sea solos o a través de otros. El objetivo siempre es el mismo: crecer. ¿y cómo sabemos que estamos creciendo? Porqué nos sentimos bien, así de simple, a pesar de las circunstancias, de las personas y de nuestras propias limitaciones. No hace falta conocer muchas técnicas, ni obsesionarse por avanzar, ni por iluminarse. Nada se da si no estamos preparad@s por tanto, el único camino es prepararnos para que todo se vaya dando. ¿Y cómo nos podemos preparar? Practicando. Poniendo en práctica todo aquello que ya sabemos que debemos hacer, para sentirme bien con mi cuerpo, para sentirme bien en el trabajo, para sentirme bien con mi vida… y aprendiendo.  ¡Aprender! Para aprender no es imprescindible hacer un curso, ni gastar dinero. Sen...
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        Déjame que te cuente...   (reflexiones 2015) dpalmaIA Pero que suerte tenían todas aquellas personas que iban creciendo y, no sabía yo cómo, conseguían cambiar sus vidas y liberarse de todas esas cargas que a mí me   aprisionaban.   Los “tú eres mayor" "tu eres más responsable” “tú lo entiendes mejor” “tú eres más considerada” “tú eres más solidaria” “tú no puedes dejarlo todo” “tú no puedes despreocuparte” “tu tienes familia” “tú tienes compromisos” “tú no puedes ni planteártelo!”  Todos esos “tú” los repetía mi mente aleccionada mientras mi alma se ahogaba observando como vivían, como disfrutaban, como viajaban, como se liberaban otr@s. Durante mucho tiempo confundí la aceptación con la renuncia. Una cosa es aceptar nuestra situación, la que sea, de manera temporal y otra muy distinta es renunciar a poder cambiarla. Y es desde la aceptación, desde el reconocimiento, que se puede aspirar al cambio. En el momento que fui consciente de...